La historia del SMS: del primer mensaje de 1992 a hoy

Entender el SMS

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El equipo de Mon SMS Gratuit15 de julio de 20263 min de lectura

El primer SMS de la historia se envió el 3 de diciembre de 1992 por Neil Papworth, ingeniero de Sema Group, al teléfono de Richard Jarvis, entonces en Vodafone. El mensaje cabía en dos palabras: «Merry Christmas». Un detalle revelador: se escribió en un ordenador, porque los teléfonos de la época todavía no permitían redactar un SMS.

Un servicio pensado como accesorio

Lo que llama la atención en retrospectiva es que nadie esperaba gran cosa del SMS. Estaba previsto en el estándar GSM como una función secundaria, destinada sobre todo a notificaciones de servicio: tienes un mensaje de voz, se te ha agotado el saldo. El grueso de la red se había construido para la voz.

Esa modestia es lo que explica su forma. El SMS no dispone de un canal propio: viaja por los canales de señalización, los que la red utiliza para coordinarse. Esos canales tenían espacio sobrante, y el SMS se instaló allí. De ahí la restricción fundacional: 140 bytes, ni uno más.

De dónde salen los 160 caracteres

Al ingeniero alemán Friedhelm Hillebrand, que trabajó en la normalización del GSM, se le suele atribuir la elección del límite. Cuenta la anécdota que tecleó decenas de frases en una máquina de escribir y comprobó que la mayoría de los mensajes corrientes cabían en menos de 160 signos. Las postales y los télex, examinados como puntos de comparación, apuntaban en la misma dirección.

Aun así, la cifra no es arbitraria: 140 bytes divididos en unidades de 7 bits dan exactamente 160 caracteres. Es el encuentro entre una intuición sobre el uso y una restricción binaria. Hemos detallado ese cálculo en nuestro artículo sobre el límite de 160 caracteres.

La adopción que nadie había previsto

El despegue fue lento. Hubo que esperar a que los teléfonos permitieran escribir texto, a que los operadores autorizaran los envíos entre redes competidoras —algo nada evidente al principio— y a que las tarifas dejaran de ser disuasorias. Después el uso se disparó, impulsado por un público al que la industria no había apuntado: los adolescentes.

El SMS impuso entonces su propia lengua, hecha de abreviaturas nacidas de la restricción. Escribir corto no era un estilo, era una necesidad económica y técnica.

Lo que ha sobrevivido, y por qué

Treinta años después, las aplicaciones de mensajería se han impuesto en la conversación personal. El SMS, en cambio, ocupa un lugar que ninguna aplicación le disputa de verdad: funciona en todas partes, en cualquier teléfono, sin instalación, sin cuenta y sin conexión de datos. Eso es lo que lo convierte en el canal de los códigos de acceso, las alertas y los recordatorios de cita: todo lo que tiene que llegar sin condiciones.

Su sucesor anunciado, el RCS, aporta las funciones modernas que le faltan. Pero depende del teléfono, del operador y del país, y recae en el SMS cada vez que no está disponible. Hemos comparado ambos formatos en detalle.

Quizá sea esa la paradoja más duradera de esta historia: el SMS sigue siendo indispensable precisamente porque se ha mantenido mínimo.

#SMS#Historia#GSM

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